La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y también comienza a ocupar espacios relacionados con la creación artística. Escribe, genera imágenes, propone estructuras musicales y produce contenido audiovisual; sin embargo, su avance abre una pregunta que va más allá de lo tecnológico: ¿qué ocurre con la creatividad cuando una máquina participa en el proceso?
La UNAM define la creatividad como un proceso dinámico y cambiante del ser humano que impulsa el desarrollo de individuos, sociedades y organizaciones. Frente a la expansión de la IA, esta capacidad entra en una nueva etapa de interacción con herramientas digitales.
Se estima que 378 millones de personas utilizan IA regularmente en el mundo, mientras que en México 66% de la población ya la usa en su vida diaria. En IA generativa, ChatGPT alcanzó 100 millones de usuarios en dos meses.
El uso de IA también plantea cuestionamientos sobre transparencia, autoría y derechos de las obras usadas para entrenar modelos, además del grado de intervención humana y los posibles sesgos de sus datos.
Aunque puede generar contenido que parece “creativo”, parte de patrones, datos y ejemplos existentes; no tiene intuición, contexto ni vivencias personales. Por ello, el debate también gira en torno a cómo se utiliza, con qué materiales fue desarrollada y quién responde por sus resultados.
La IA puede ampliar las posibilidades de quienes crean, pero su incorporación al arte requiere mantener la capacidad humana para seleccionar, transformar y tomar decisiones sobre aquello que finalmente llega al público.
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