Por: Raúl Rodríguez, Presidente del Consejo Consultivo del Agua
El estado de Zacatecas enfrenta actualmente uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas en materia hídrica y climática. La combinación de sequías prolongadas, temperaturas extremas y sobreexplotación de acuíferos ha colocado a la entidad en una situación de alta vulnerabilidad, tanto para el consumo humano como para las actividades productivas que sostienen buena parte de su economía.
De acuerdo con información de la Comisión Nacional del Agua y diversos diagnósticos técnicos, el estado registra un deterioro importante en sus principales presas y acuíferos. Varias presas estratégicas operan por debajo de sus niveles históricos promedio, mientras que numerosos acuíferos presentan sobreexplotación severa debido al crecimiento urbano, agrícola e industrial. Municipios del corredor centro-norte y regiones agrícolas del semidesierto zacatecano viven ya condiciones de estrés hídrico permanente. La extracción de agua subterránea supera en muchos casos la capacidad natural de recarga, lo que provoca abatimiento de pozos, incremento en costos de bombeo y deterioro en la calidad del agua.
En este contexto, las olas de calor representan un factor agravante. Las temperaturas extremas elevan de manera inmediata el consumo de agua en hogares, comercios, hospitales y servicios públicos. Durante los días con temperaturas superiores a los 30° C, se incrementa significativamente la demanda para hidratación, enfriamiento, limpieza y uso doméstico general. Esto genera presiones adicionales sobre redes hidráulicas ya debilitadas por fugas, infraestructura obsoleta y limitaciones de distribución.
Uno de los principales riesgos para Zacatecas es precisamente que la infraestructura hidráulica no parece totalmente preparada para enfrentar picos extraordinarios de demanda en temporadas de calor extremo. Muchos municipios operan con redes antiguas, bajos niveles de tecnificación y limitada capacidad de almacenamiento. Las fugas representan pérdidas considerables de agua potable antes de llegar al consumidor final. Además, algunas plantas potabilizadoras y sistemas de bombeo enfrentan problemas de mantenimiento y altos costos energéticos. En comunidades rurales y colonias periféricas, los tandeos de agua podrían intensificarse si las temperaturas continúan aumentando y las lluvias permanecen por debajo de lo normal.
El impacto sobre el sector agrícola puede ser aún más delicado. Zacatecas es uno de los principales productores nacionales de frijol, chile, ajo y forrajes, actividades altamente dependientes del agua. Las elevadas temperaturas aceleran la evaporación del suelo y aumentan la demanda hídrica de los cultivos. Esto significa que los productores necesitarán más agua para mantener niveles similares de producción, justo en un momento donde existe menos disponibilidad.
Además, el calor extremo puede reducir los rendimientos agrícolas, deteriorar la calidad de los productos y afectar los ciclos de siembra. Algunos cultivos son particularmente sensibles al estrés térmico durante etapas críticas de floración o maduración. Si la sequía persiste, podrían observarse pérdidas económicas importantes, incremento en costos de producción y mayores presiones sociales en comunidades rurales cuya economía depende directamente del campo.
Los efectos también alcanzan a sectores estratégicos como la minería y el turismo. Zacatecas posee una importante actividad minera que requiere grandes volúmenes de agua para procesos industriales, manejo de minerales y control ambiental. En un escenario de estrés hídrico prolongado, las empresas enfrentarán mayores restricciones regulatorias, mayores costos de extracción y posibles conflictos sociales relacionados con el acceso al agua.
En el caso del turismo, particularmente en ciudades con valor histórico y cultural como Zacatecas, el abastecimiento constante de agua es indispensable para hoteles, restaurantes y servicios urbanos. Las olas de calor elevan el consumo de visitantes y residentes, mientras que los cortes o disminuciones en el suministro afectan directamente la calidad de los servicios y la percepción del destino turístico.
Ante este panorama, distintas autoridades y organismos han comenzado a implementar medidas preventivas y de gestión. Entre ellas destacan campañas de ahorro de agua, rehabilitación de pozos, programas de sectorización de redes, tecnificación de riego agrícola y monitoreo de sequías. También se impulsan proyectos de reutilización de aguas tratadas y estrategias para mejorar la eficiencia en los sistemas municipales de distribución.
Aquí es pertinente mencionar el fundamental proyecto de la Presa de Milpillas que, aún se encuentra en el los proyectos estratégicos del Plan nacional hídrico, corre grave peligro de posponerse nuevamente, y que Conagua y SHCP transfiera los recursos asignados por no tener aún debidamente regularizados los temas de tenencia de la tierra. Esto derivado de añejos conflictos políticos “azuzados” por viejos líderes políticos que han hecho mucho daño al estado.
Regresando a las acciones necesarias , especialistas coinciden en que las medidas actuales podrían resultar insuficientes si las condiciones climáticas continúan deteriorándose. Zacatecas requiere inversiones de largo plazo en infraestructura hidráulica, captación de agua, modernización de redes urbanas y tecnificación agrícola. También será indispensable fortalecer políticas de manejo sustentable de acuíferos y promover una cultura social de uso responsable del agua.
Los escenarios hacia los próximos meses generan preocupación. Si las olas de calor se intensifican y el estrés hídrico persiste, Zacatecas podría enfrentar una combinación de mayores restricciones de agua, afectaciones productivas, incremento en costos energéticos y conflictos sociales por el acceso al recurso. El riesgo no solamente es ambiental, sino también económico y sanitario.
La presión sobre los sistemas de abastecimiento podría traducirse en más tandeos, menor disponibilidad para actividades productivas y deterioro en la calidad de vida de miles de familias. A ello se suma la posibilidad de pérdidas agrícolas, reducción de inversiones y afectaciones a cadenas productivas regionales.Zacatecas se encuentra en un punto crítico donde el cambio climático y la escasez de agua convergen como uno de los principales desafíos para el desarrollo del estado. La capacidad de respuesta institucional, la inversión en infraestructura y la corresponsabilidad social serán determinantes para enfrentar un escenario que ya no parece temporal, sino estructural.