De alguna manera, el pasado siempre encuentra la forma de regresar al presente. Esta vez lo hizo a través del arte y la arquitectura el pasado 12 de septiembre, durante la inauguración de la exposición Laberinto de Tercios. Memoria de Asterión, del artista zacatecano Alfonso López Monreal, realizada con motivo de la conmemoración del 160 aniversario de la Plaza San Pedro, espacio donde hoy se erige el Hotel Quinta Real.
La muestra forma parte del proyecto de renovación que actualmente se desarrolla en el recinto bajo la dirección del ingeniero José Aguirre.
El monstruo que merece una historia
Durante la presentación, el autor compartió parte de una reciente conversación con su amigo Javier Suárez. Ambos coinciden en que “quizás, la mejor forma de defender la tauromaquia, no solo la mejor, sino quizás la más inteligente, es recuperar de dónde nace. No es un espectáculo, no es un deporte, es un ritual”, expresó.
El recorrido planteado a través de la pintura reúne 33 piezas que representan los tres tercios de la vida y de la tauromaquia, que, según Alfonso López, constituye un rito milenario que quizá nació desde el primer gran poema de la humanidad, el Poema de Gilgamesh, y que llegó a México hace aproximadamente 500 años.
Quien se adentre en la sala encontrará tres secciones integradas por seis cuadros cada una.
El primer tercio ofrece una visión llena de luz, calidez y tonos amarillos vibrantes que narran la infancia del Minotauro. El historiador José Enciso Contreras, quien participó en la ceremonia inaugural, señaló que ninguna mitología relata la niñez de la criatura. Afirmó que, pese a la condena de ser percibida como una bestia, aunque en ocasiones sea admirada por su naturaleza híbrida entre humano y animal, siempre existe una historia digna de ser contada. “Es monstruo, pero fue becerrito”, expresó.
El recorrido continúa en el segundo tercio, que enmarca los años de plenitud y gloria del personaje, para conducir finalmente al último conjunto pictórico, donde predominan los colores fríos, los azules y los tonos menta que anuncian los últimos pasos del camino.
Entre las obras también destacan algunas piezas de carácter autobiográfico, como aquella que representa a un grupo de niños jugando a torear, un guiño a la memoria personal.
Finalmente, Alfonso López hizo un llamado a defender el Centro Histórico y el patrimonio cultural “a capa y espada”, advirtiendo que se encuentran en riesgo de desaparecer, al igual que la fiesta brava.
Paloma Anguiano