Una guía, un consuelo, un oído que no juzga de la manera en que la sociedad lo hace, un administrador: es eso, y más, es la labor que un sacerdote puede poseer según las necesidades de la comunidad. Desde esa perspectiva, dialogamos con el Padre Juan Diego Chávez, quien compartió con MVIEW aspectos de su camino y su vocación.
Algunos descubren un camino en la fe desde temprana edad; él, en cambio, halló su vocación a los 26 años, después de recorrer un trayecto que enriqueció su conocimiento y comprensión de la sociedad. Primero estudió Administración y Finanzas en la Universidad Panamericana de Guadalajara, donde, al estar coordinada por sacerdotes, encontró un nuevo puente que lo acercó aún más a la religión. Sin embargo, antes de alcanzar su destino hizo una parada como emprendedor zacatecano y fundó la distribuidora farmacéutica Salveo, S.A. de C.V. una empresa que hoy ya no forma parte de sus responsabilidades y pertenece a su familia.
El llamado religioso.
La espiritualidad estuvo presente en su vida desde temprana edad, marcada por la influencia de su tío, Don Fernando Chávez Rubalcaba, que en su momento fue obispo de Zacatecas y se convirtió en una figura clave que sembró en él la semilla de la vocación. “Yo siento que Dios nos llama a cada uno en distintos momentos”, menciona. Tras su etapa en el ámbito empresarial, inició su formación sacerdotal en el Seminario y en el extranjero: cinco años en Pamplona, España, y tres más en Roma.
Fue ordenado en 2006 y, desde su regreso a Zacatecas en 2009, ha dedicado gran parte de su labor al Seminario de Zacatecas, donde se desempeñó -en distintas fechas- como formador, ecónomo y director del Instituto Miguel Agustín Pro (IMAP) durante nueve años. Etapas que agradece y reconoce como fundamentales, pues le brindaron la sabiduría necesaria para asumir el siguiente encargo: ser rector del Santuario del Niño de Atocha en Plateros.
Hoy sus responsabilidades abarcan desde el área administrativa y la gestión de más de veinte colaboradores del santuario, hasta las relaciones públicas y la atención pastoral. Su liderazgo humano se extiende a otras comunidades: la parroquial de Plateros y las cercanas —El Tule, Las Mercedes y Puebla del Palmar—, además de los peregrinos que llegan año con año.
Plateros tierra de la fe y los milagros
No existen máquinas del tiempo, pero sí lugares que parecen serlo. Gracias a la fe, el Santuario de Plateros, dedicado al Santo Niño de Atocha, se ha convertido en uno de ellos. Considerado entre los espacios religiosos más visitados de México, recibe cada año a más de un millón de personas.
Se ubica dentro de los cinco destinos de tradición religiosa con mayor afluencia, acogiendo peregrinos que llegan desde la Ciudad de México, Mérida, Sonora, Nuevo León e incluso desde Estados Unidos. Para muchos, la visita representa un compromiso generacional: abuelos y padres transmiten la fe a sus hijos, manteniendo viva una herencia espiritual que se renueva con cada paso.
Las ofrendas de fe también forman parte de la identidad del templo y de la localidad. Los exvotos, que el Padre Juan Diego percibe como un puente entre generaciones de creyentes, son testimonio tangible de esa conexión. “Hay exvotos desde 1800 y tanto”, señala. El santuario mantiene una colaboración estrecha con el INAH para restaurar, clasificar y documentar estos objetos históricos, asegurando que su valor y significado perduren en el tiempo.
Retos de una espiritualidad en tiempos de cambio
Hablar de fe en nuestros días es hablar también de transformación. El Padre Juan Diego señala que aunque en la sociedad contemporánea a veces no está “de moda” mencionar conceptos como el pecado o la culpa, son realidades presentes en la psicología de cada persona.
México es un país rico en manifestaciones religiosas y celebraciones, el desafío está en que el Evangelio logre permear la vida cotidiana: que inspire respeto a las leyes, que motive la búsqueda del bien común y que transforme la manera en que actuamos día a día. En este sentido, subraya la urgencia de aprender a respetar a quienes piensan distinto, pues la polarización y el enfrentamiento solo impiden el diálogo necesario para construir consensos en temas esenciales como la seguridad y el futuro de los jóvenes.
El cumplimiento de la legalidad, señala, comienza en los detalles más simples en combatir la impunidad desde lo cotidiano. Frente a los retos actuales, su llamado es claro: perseverar y no desanimarse. Invita especialmente a quienes lideran empresas a trabajar con ingenio, a generar oportunidades y a no ser agentes pasivos ante las dificultades, convencido de que la fe debe convertirse en acción que fortalezca a la sociedad