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Sofía Arellano Chávez

Como directora del Festival Huellas Artísticas en Zacatecas, ella es una de las mujeres que mantienen viva la cultura, la identidad y la creatividad de nuestro estado.

  1. ¿Cómo fue que decidió encaminarse hacia donde está ahora? ¿Fue algo planeado desde lo que estudió o el trabajo del camino la fue llevando?

Sofía Arellano: En realidad, no fue algo planeado ni ha sido una línea recta. Mi camino ha tenido giros inesperados que me llevaron a estudiar Artes en la UAZ, ahora Gestión Cultural en la UDG, a trabajar en Comunicación Social de la UAZ… y, poco a poco, a convertirme en quien soy hoy. Sin embargo, cuando miro hacia atrás, entiendo que el arte siempre estuvo ahí, acompañándome. Desde niña conviví con él a través de mi abuelito, pues era artesano. En su telar, crecí viendo cómo sus manos tejían historias en cada cobija que hacía.

Por ello, he permitido que el propio flujo de la vida me lleve hacia donde tenga que estar, pero también he sostenido una convicción muy clara: mi bandera es mi trabajo, todo lo que hago, lo hago con mucha determinación, pasión y entrega.

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En ese proceso, he entendido que no camino sola; que mi historia está entrelazada con la de otras mujeres que crean, gestionan y sostienen el arte y la cultura. Al vivir mi propia historia y escuchar la de otras, he comprendido que como mujeres en el ámbito artístico y cultural nos enfrentamos a múltiples retos. Aun así, estoy fielmente convencida de que nuestra presencia en estos espacios es indispensable. No solo porque pertenecemos ahí, sino porque aportamos una mirada sensible, estratégica, comunitaria y transformadora. Abrimos espacio donde no lo hay, lo sostenemos y lo convertimos en posibilidad.

Entonces, más que una decisión concreta, lo mío ha sido una suma de preguntas constantes, observación y de escucha.

  1. ¿Cuál es el propósito central que guía su gestión o creación cultural?

SA: Para mí, el centro que guía mi labor en la gestión es la comunidad. No la concibo como un evento aislado, sino como un proceso que genera vínculos. Es en comunidad donde nos encontramos también a nosotros mismos.

Creo que reflexionar desde y sobre la gestión cultural es como entrar a un laberinto de espejos con múltiples reflejos de uno mismo. Por eso, cada vez que me involucro en un proyecto, procuro escuchar, observar y aprender de otros.

De esa convicción nace el impulso de crear proyectos como el Festival Huellas Artísticas, un espacio donde las y los artistas no solo se presentan, sino que reciben impulso y dignificación; donde los acompañamos en su proceso de profesionalización y fortalecen redes que trascienden el escenario.

Mi propósito es dignificar el trabajo artístico y construir espacios que lo sostengan. Que las y los creadores cuenten con redes de apoyo.

  1. Para usted, ¿qué es lo que realmente hace a un buen promotor cultural? Más allá de los estudios, ¿qué habilidades o ‘chispa’ considera que hay que tener para aguantar y avanzar en este mundo?”

SA:Hay muchos campos desde los cuales se puede ejercer la gestión cultural, pero creo que un buen gestor debe detenerse a observar el entorno: ahí está la clave. Identificar problemáticas culturales, entender para qué se está trabajando, escuchar y comprender el contexto y, a partir de ello, generar una estrategia de intervención con sentido. No se trata solo de programar actividades, sino de reconocer qué necesita realmente ese entorno.

Desde mi campo, la gestión cultural, entre otras cosas, implica ser mediador entre el arte y la sociedad y trabajar por la democratización de la cultura. Más allá de la formación académica, se necesita resistencia emocional. Este es un ámbito donde los recursos suelen ser limitados y los procesos pueden ser complejos; aun así, hay que abrirse camino y no rendirse.

Creo que la “chispa” es la convicción: creer de verdad que lo que hacemos es importante. Cuando tienes claro que lo que haces tiene un impacto social, encuentras la fuerza para gestionar, tocar puertas, ajustar presupuestos y seguir adelante, incluso cuando el panorama parece adverso.

  1. Si pudiera cambiar alguna cosa de cómo se mueve el mundo de la cultura en México (o en Zacatecas), ¿qué sería lo primero que quitaría o agregaría para?

SA: Si pudiera cambiar algo de cómo se mueve el mundo del arte y la cultura, particularmente en Zacatecas, impulsaría una visión más colaborativa y menos fragmentada. Porque cuando la cultura se entiende como algo colectivo y no como una competencia, los proyectos se fortalecen, se consolidan y generan impacto a largo plazo.

También invertiría en más espacios para el talento emergente y para personas con discapacidad. Y quitaría, de raíz, la idea de que la cultura es un gasto o un accesorio; mientras se asuma así, seguirá siendo frágil en términos presupuestales y estructurales.

  1. Cuando llega un nuevo proyecto a sus manos, ¿cómo aterriza la estrategia para que no se quede solo en una buena idea? ¿Cómo diseña ese camino desde que se plantea hasta llevarlo con éxito  a la realidad?”

SA: Cuando llega un nuevo proyecto a mis manos, lo primero que hago es hacerme preguntas. ¿Para qué existe este proyecto? ¿A quién va dirigido? ¿Qué quiere comunicar? ¿Qué problema o necesidad atiende? Si no tengo claras esas respuestas, la idea puede ser muy atractiva, pero difícilmente será sostenible.

Después paso a la parte estratégica y diagnóstico: definir objetivos claros, fortalezas y riesgos, públicos específicos, tiempos, recursos disponibles y posibles alianzas. Me interesa que cada proyecto tenga una narrativa coherente y una estructura que lo sostenga, pero sin perder de vista lo humano y lo sensible; creo que ahí también está la conexión.

Una vez que el proyecto está en marcha, considero fundamental el seguimiento, escuchar a mi equipo, evaluar lo que está funcionando, ajustar lo necesario y documentar el proceso. Para mí, el éxito no es solo que el evento suceda, sino que deje aprendizaje y bases para futuras ediciones o iniciativas.

Creo que la diferencia entre una buena idea y un proyecto exitoso es la claridad en el propósito y la disciplina en la ejecución.

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