Desde los primeros trazos hasta los universos oníricos que definieron su obra, Remedios Varo construyó un lenguaje visual propio que sigue despertando asombro. Su historia está marcada por la creación artística, el exilio y una profunda exploración del mundo interior. A más de seis décadas de su muerte, su legado continúa vivo en museos y colecciones que resguardan no solo su pintura, también fragmentos íntimos de su vida.
De España al surrealismo europeo
María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga nació en España en 1908. Desde muy joven mostró una vocación artística temprana: a los 15 años ingresó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Poco después incursionó en el ámbito publicitario, donde realizó ilustraciones para productos farmacéuticos.
Ya instalada en Barcelona, en 1932, colaboró con una empresa del sector junto con Gerardo Lizárraga, su primer esposo. Sus dibujos, destinados a promocionar medicamentos, evidenciaban una destreza técnica que más tarde evolucionaría hacia terrenos más simbólicos.
Introducida al surrealismo, se integró al grupo Logicofobista, cuyos integrantes buscaban representar los estados mentales del alma a través de formas sugerentes. Durante su estancia en París, gracias al poeta Benjamin Péret, accedió al círculo de André Breton, donde convivió con artistas como Max Ernst, Victor Brauner, Joan Miró, Wolfgang Paalen y Leonora Carrington.
Exilio, México y una obra en expansión
La Segunda Guerra Mundial marcó un punto decisivo en su vida. Remedios Varo huyó de París tres días antes de la entrada del ejército alemán y, en 1941, llegó a México a bordo del buque Serpa Pinto. El exilio se convirtió en una nueva oportunidad creativa.
En territorio mexicano realizó trabajos artesanales y decorativos, entre ellos su colaboración con Marc Chagall en el vestuario del ballet Aleko, presentado en el Palacio de Bellas Artes. En este periodo fue conocida como una de “las tres brujas del arte”, junto con Leonora Carrington y Kati Horna.
Inspirada por la ciencia ficción y el ocultismo, desarrolló un repertorio de seres fantásticos, con una inclinación especial por los gatos, recurrentes en su obra pictórica.
Un legado que permanece
Remedios Varo murió en 1963, dejando testimonio del espíritu artístico de su tiempo. Su legado se fortaleció en 2002, cuando Anna Alexandra Varsoviano y Walter Gruen promovieron la donación de una importante colección al Museo de Arte Moderno (MAM). Más tarde, en 2015, parte de su archivo personal pasó a resguardo del INBA/MAM, revelando aspectos íntimos de la artista a través de objetos, amuletos y correspondencia con figuras como Octavio Paz y Leonora Carrington.
La obra de Remedios Varo trasciende épocas y fronteras. Su paso de Europa a México no solo transformó su vida, enriqueció el panorama artístico del país. Hoy, su legado sigue dialogando con nuevas generaciones desde los espacios museísticos que resguardan su memoria.
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