A finales del siglo XIX, cuando la fotografía apenas comenzaba a expandirse, dos hermanos franceses transformaron para siempre la manera en que las personas observan la realidad. Auguste y Louis Lumière no solo imaginaron imágenes en movimiento; lograron llevarlas al público y convertirlas en una experiencia compartida. Así nació una de las historias más influyentes de la cultura visual moderna.
De Lyon al taller familiar
Auguste Lumière nació el 19 de octubre de 1862 y Louis el 5 de octubre de 1864 en Besançon, Francia. En 1870 la familia se trasladó a Lyon, donde su padre, Antoine Lumière, abrió un estudio fotográfico. Ante las dificultades económicas del negocio, los hermanos decidieron involucrarse de forma activa. Diseñaron equipos para producir materiales fotográficos y desarrollaron un método para fabricar placa seca, conocida como “Etiqueta azul”, que permitió al estudio familiar mantenerse en funcionamiento.
El nacimiento del cinematógrafo
En 1894, Antoine Lumière conoció en París el quinetoscopio de Thomas Edison. La experiencia motivó a sus hijos a crear un dispositivo propio. Tras meses de trabajo, en febrero de 1895 patentaron el cinematógrafo. Este aparato no solo proyectaba imágenes en movimiento, también permitía grabarlas y reproducir copias mediante una manivela, además de ser ligero y ofrecer una calidad visual superior.
El primer filme de los Lumière, Trabajadores saliendo de la fábrica, fue rodado en marzo de 1895. Meses después, el 28 de diciembre, se realizó la primera proyección comercial en el Salon Indien du Grand Café de París. Aunque asistieron menos de cuarenta personas, aquel evento marcó el paso del entretenimiento individual a un espectáculo compartido. Títulos como El regador regado y La llegada del tren capturaron escenas cotidianas con una fuerza visual inédita.
Más allá del cine
A partir de 1896, Louis Lumière contrató operadores que viajaron por el mundo filmando la vida urbana y distintos acontecimientos, dando origen a noticieros, reportajes y filmes de viaje. No obstante, convencidos de que el cine tendría un recorrido limitado, los hermanos abandonaron la producción fílmica en 1905. Auguste se dedicó a la investigación médica, mientras que Louis continuó explorando la imagen y, en 1907, lanzó la placa autocroma, uno de los primeros procedimientos comerciales para la fotografía a color.
La trayectoria de los hermanos Lumière demuestra cómo la creatividad, el trabajo en equipo y la observación de la realidad pueden abrir nuevas formas de comprender el mundo.
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