Desde muy joven, Juana Ramírez de Asbaje mostró una curiosidad poco común por el conocimiento. Nacida el 12 de noviembre de 1648 en el contexto novohispano, su trayectoria intelectual y literaria la llevaría a ser conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, así como por epítetos que circularon en vida: Décima Musa mexicana y Fénix de México.
Infancia, formación y primeros escritos
Juana Inés creció entre las haciendas de Nepantla y Panoayán, en un entorno donde la lectura convivía con las labores del campo. En la biblioteca de su abuelo tuvo acceso temprano a los libros, mientras aprendía sus primeras letras. Hacia 1656 o 1657 compuso su primera loa eucarística.
Tras la muerte de sus abuelos, su madre asumió la administración familiar. De acuerdo con su biógrafo, el padre Calleja, Juana Inés se trasladó posteriormente a la Ciudad de México, donde continuó su formación y comenzó a vincularse con la corte virreinal.
Vida conventual y desarrollo intelectual
En 1668 ingresó al convento de San Jerónimo, donde profesó como monja jerónima en 1669. Allí permaneció cerca de 27 años, tiempo en el que cumplió sus deberes religiosos y destacó por su escritura y su labor administrativa como contadora del convento.
Durante esta etapa escribió poesía, teatro y autos sacramentales. Entre sus obras se encuentran Los empeños de una casa, Amor es más laberinto y los autos El divino Narciso y El cetro de José. Su relación con la corte le permitió publicar en España Inundación Castálida en 1689, recopilación fundamental de su obra poética.
Controversias, retiro y últimos años
En 1690 escribió la Carta Atenagórica, texto teológico que generó señalamientos por parte del obispo de Puebla. Como respuesta, redactó la Respuesta a Sor Filotea en 1691, documento esencial para conocer su pensamiento y su vida intelectual.
A partir de 1693 inició un retiro progresivo. En 1694 firmó su profesión de fe y un año después, el 17 de abril de 1695, murió a causa del tifus. Fue sepultada en el convento de San Jerónimo.
Su obra, producida en el contexto del siglo XVII, sigue siendo una referencia fundamental para comprender la literatura y el pensamiento novohispano.
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