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Cilia Flores: Poder Político Y Acusaciones En EE.UU.

Durante años, Cilia Flores ha ocupado un lugar constante —aunque no siempre visible— en la política venezolana. Para algunos, es la compañera inseparable de Nicolás Maduro; para otros, una operadora con peso propio dentro del chavismo.

Su nombre, sin embargo, volvió al centro del debate internacional tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la captura y traslado fuera de Venezuela de Maduro y Flores luego de una incursión militar estadounidense en Caracas. A partir de ese hecho, la trayectoria de Flores adquiere una nueva dimensión, marcada por cargos, controversias y ahora acusaciones judiciales en Nueva York.

Orígenes y formación

Cilia Flores nació en 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes. Según ha relatado el propio Maduro, pasó su primera infancia en condiciones precarias antes de mudarse con su familia a Caracas. Creció en sectores populares del oeste de la capital, como Catia y Boquerón, siendo la menor de seis hermanos.

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A los 32 años se graduó como abogada en la Universidad Santa María, con especialización en derecho penal y laboral. Ese perfil jurídico sería determinante en su acercamiento al movimiento que cambiaría su vida política.

Tras el fallido golpe de Estado encabezado por Hugo Chávez en 1992, Flores se integró al equipo legal que defendió a los militares detenidos. De ese vínculo profesional surgió su adhesión al proyecto político bolivariano y también su relación con Nicolás Maduro, entonces activista y parte del entorno cercano de Chávez.

Desde entonces, Flores militó en el MBR-200, el Movimiento V República y más tarde en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), donde llegó a ocupar espacios en su dirección nacional.

Con la llegada de Chávez al poder en 1999, la carrera de Flores avanzó con rapidez. En 2000 fue electa diputada y, tras un segundo período legislativo, se convirtió en 2006 en la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional.

Posteriormente, en 2012, Chávez la designó procuradora general de la República, cargo que ocupó hasta la muerte del mandatario en 2013.

Flores y Maduro formalizaron su matrimonio en julio de 2013, tras más de dos décadas de convivencia. Con la llegada de Maduro a la presidencia, ella asumió el rol de primera dama, aunque el mandatario optó por llamarla “primera combatiente”, al considerar el término tradicional como ajeno al discurso chavista.

Desde entonces, Flores redujo sus apariciones públicas y adoptó un perfil más reservado, aunque continuó influyendo en la interna del oficialismo.

Detención y acusaciones en Estados Unidos

El punto más reciente y delicado de su historia política se produjo tras la incursión militar estadounidense anunciada por Trump. Según la secretaria de Justicia de EE.UU., Pam Bondi, Flores y Maduro fueron acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York.

Mientras Maduro enfrenta cargos por narcoterrorismo, tráfico de cocaína y posesión de armas, Flores es señalada por presuntamente aceptar sobornos para facilitar contactos entre narcotraficantes y altos funcionarios antidrogas venezolanos. Ambos comparecerán ante tribunales estadounidenses.

Hoy, Cilia Flores sigue siendo una figura central para entender el chavismo y su dinámica interna. Su recorrido político, las controversias que la rodean y su actual situación judicial la colocan en uno de los momentos más críticos de su vida pública, con un futuro que ahora se dirime fuera de Venezuela.

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