La desigualdad de género en el ámbito laboral sigue siendo un desafío significativo en México. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la participación económica de las mujeres en el país es una de las más bajas de América Latina, lo que evidencia una marcada disparidad en el acceso a oportunidades laborales y en la remuneración económica.
Participación laboral femenina
- Participación económica: Solo el 46% de las mujeres forman parte de la economía remunerada, en comparación con el 77% de los hombres, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).
- Crecimiento lento: Entre 2005 y 2023, la participación laboral femenina aumentó solo cinco puntos porcentuales. A este ritmo, se necesitarían 119 años para alcanzar la participación económica de los hombres.
- Dependencia económica: El 24.5% de las mujeres no cuenta con ingresos propios. Además, el 54% de sus ingresos proviene de transferencias económicas de terceros, como programas gubernamentales o remesas, en contraste con el 31% en el caso de los hombres.
Desigualdad en la jerarquía corporativa
El ascenso profesional de las mujeres también presenta barreras importantes:
- Dirección de áreas jurídicas: Solo el 25% de los puestos son ocupados por mujeres.
- Dirección financiera: La representación femenina desciende al 11%.
- Dirección general: Apenas el 4% de las mujeres logra llegar a la cúspide corporativa.
Brecha salarial: Una diferencia sustancial
La disparidad salarial es otro indicador preocupante de la desigualdad de género en México:
- Ingreso promedio femenino: Las mujeres perciben en promedio 6,360 pesos al mes.
- Ingreso promedio masculino: Los hombres ganan 9,762 pesos al mes.
- Brecha salarial: Esto se traduce en una diferencia del 35%. Por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer recibe solo 65 pesos, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH).
Cerrar la brecha salarial y mejorar la participación femenina en el mercado laboral requiere esfuerzos coordinados entre el sector público, privado y la sociedad civil. Promover políticas de igualdad de género, fomentar la inclusión en puestos de liderazgo y garantizar el acceso equitativo a oportunidades laborales son pasos fundamentales para reducir estas desigualdades.
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