El Super Bowl 60 quedará en la memoria colectiva como una noche que fue mucho más allá del deporte. Antes incluso de que comenzara el partido, la expectativa en torno al medio tiempo ya era evidente. Bad Bunny subió al escenario y convirtió su presentación en un momento cargado de símbolos, cifras históricas y referencias directas a la cultura latina, en un contexto político particularmente tenso para las comunidades migrantes en Estados Unidos.
Un espectáculo que rompió récords
De acuerdo con NBC, el show de medio tiempo de Bad Bunny fue visto por más de 135.4 millones de personas, lo que lo colocó como el más visto en la historia del Super Bowl, superando los 133 millones registrados en la edición anterior. Esta cifra no solo habla del alcance del artista puertorriqueño, también del interés global por una propuesta que conectó música, identidad y espectáculo televisivo.
Además del impacto en audiencia, la presentación se convirtió en uno de los momentos más comentados de la edición 60 del Supertazón, tanto por su despliegue visual como por el contexto social en el que ocurrió.
La cultura latina en el centro del escenario
Bad Bunny construyó una escenografía cargada de referencias a Puerto Rico y a la identidad latina. No estuvo solo: a “la casita” se sumaron figuras como Cardi B, Pedro Pascal, Karol G y Jessica Alba, mientras que Lady Gaga apareció como invitada sorpresa para interpretar Die With a Smile con un giro de salsa. Por su parte, Ricky Martin interpretó Lo que le pasó a Hawaii, reforzando el tono cultural del espectáculo.
Cada aparición y cada referencia ampliaron el mensaje de representación y pertenencia, conectando con millones de espectadores dentro y fuera de Estados Unidos.
Un mensaje directo y continental
En medio de una campaña antimigratoria en Estados Unidos, el mensaje fue claro: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Además, Bad Bunny recordó a cada país del continente americano, cerrando con una frase que sintetizó el espíritu del show: “Juntos somos América”.
El medio tiempo de Bad Bunny no solo rompió marcas de audiencia; también colocó a la cultura latina en el centro del evento deportivo más visto del mundo, dejando una conversación abierta sobre identidad, representación y unidad a escala continental.
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