La Puerta del Sol, uno de los espacios más simbólicos y transitados de Madrid, fue escenario de un diálogo visual y cultural entre dos territorios con profundas raíces históricas. Frente a la escultura original del Oso y el Madroño, emblema heráldico de la ciudad, se presentó una versión intervenida con arte wixárika que estableció un vínculo directo entre ambas expresiones.
La pieza fue develada en el marco de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) 2026, como parte de la experiencia cultural Ventana a México. La inauguración estuvo encabezada por la secretaria de Turismo del Gobierno de México, Josefina Rodríguez Zamora, acompañada por autoridades de Madrid, del estado de Nayarit y por el artista responsable del proyecto, César Menchaca. La obra permanecerá en exhibición hasta el 24 de enero, de acuerdo con información oficial de la Secretaría de Turismo federal.
Identidad ancestral llevada al espacio urbano
La escultura fue reinterpretada desde el arte wixárika mediante una técnica mixta, elaborada por artistas nayaritas y artesanas y artesanos wixárika. El proceso implicó más de 4 mil horas de trabajo y la colocación manual de más de 7 millones de chaquiras de cristal por un equipo de 20 personas.
La obra integra elementos centrales de la cosmovisión wixárika, entre ellos:
- El híkuri, planta sagrada vinculada con la medicina ancestral.
- El venado (kauyumari), guía espiritual y mensajero divino.
- El tsikuri u Ojo de Dios, símbolo de protección y del orden del universo.
Para este pueblo originario, Nayarit es un territorio sagrado, al albergar Tatei Haramara, punto de origen de la vida según su tradición, desde donde inicia el camino ceremonial hacia Wirikuta, sitio reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Arte como puente entre pueblos
Durante el acto, Rodríguez Zamora señaló que la escultura representa una forma distinta de presencia cultural de México en el mundo, al llevar el arte originario a espacios cotidianos de ciudades internacionales. Por su parte, César Menchaca expresó que la intención de la obra es compartir la dimensión espiritual de su pueblo y fortalecer los lazos culturales entre México y España.
La presencia de esta pieza en la Puerta del Sol transforma el espacio urbano en un punto de encuentro entre historia, espiritualidad y contemporaneidad, proyectando una narrativa que conecta orígenes, caminos y territorios a través del arte.
Desde uno de los escenarios más emblemáticos de Europa, la obra muestra cómo el arte ancestral puede comunicar identidad, memoria y conexión en un lenguaje universal.
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