La sostenibilidad dejó de ser aspiracional para convertirse en una variable financiera. Hoy, los criterios ESG —ambientales, sociales y de gobierno corporativo— influyen en el acceso a capital y en la evaluación de riesgos, consolidándose como referencia de la inversión socialmente responsable.
Según Pablo Necoechea, director regional de EGADE Business School, en 2026 la sostenibilidad se integra como variable de competitividad y riesgo. Los activos gestionados bajo enfoques responsables superaron los 16.7 billones de dólares en 2024, casi 50% más que dos años antes.
Entre las tendencias están:
- Mayor regulación y supervisión para evitar greenwashing.
- Evaluación de cadenas de suministro.
- Mayor inversión en tecnologías limpias.
- Integración de riesgos climáticos y de biodiversidad en decisiones empresariales.
Dentro del componente ambiental de los criterios ESG, la gestión del agua se ha convertido en un factor estratégico para los mercados financieros. S&P Global y Moody’s integran el riesgo hídrico en sus evaluaciones, impactando en la calificación de una empresa y su costo de financiamiento.
S&P Global estima que el estrés hídrico será el segundo mayor factor de riesgo físico climático hacia 2050, con un impacto potencial de 265 mil millones de dólares. Además, dos quintas partes del valor añadido mundial dependen del agua, lo que convierte su escasez en un riesgo sistémico.
Ante este escenario, los inversionistas exigen información cuantitativa y verificable. En consecuencia, las empresas deben medir su consumo, monitorear pérdidas, integrar indicadores hídricos en sus reportes y evaluar riesgos.
En 2026, la gestión del agua ya no es una práctica voluntaria de responsabilidad social, sino un factor que puede determinar la competitividad, el acceso a capital y la permanencia en mercados internacionales.
Te podría interesar: Economía Regenerativa: Por Qué Las Empresas Están Obligadas A Aprovechar Sus Recursos