En el eco de su despacho, Jorge Rada tiene momentos de reflexión sobre el presente y futuro del derecho y de su amado estado, Zacatecas. Quien lo escucha nota que cada historia que ha vivido en sus más de 10 años de trayectoria está envuelta en una idea central: la libertad conlleva siempre responsabilidad y las decisiones tienen consecuencias.
Rada es un abogado formado en los pasillos de la universidad y en la oficina de su familia, cuyo padre también fue jurista e influyó notablemente en su propósito. Hoy se ha convertido en una voz crítica que combina la tradición legal con el impulso tecnológico: “Muchos de los problemas más graves no vienen de la falta de leyes, sino de sistemas mal diseñados y de decisiones que dependen demasiado de personas y muy poco de reglas claras”, afirma.
La frase no es retórica: la Encuesta de Confianza del Gobierno que la OCDE realizó en 2023 reveló que el 54% de los mexicanos tiene alta o moderada confianza en el gobierno federal, por encima del promedio de la OCDE (39%), lo que sugiere que una ligera mayoría aún cree en las instituciones formales.
Sin embargo, otros estudios en América Latina muestran que sólo 35% confía en sus legislaturas y 19% en los partidos. La confianza se mantiene frágil y, como dice Rada, “el derecho debe servir para introducir método, planeación y límites institucionales”.
Esa disciplina la aprendió en casa. Su padre, también abogado, ejerció con rigor y le enseñó que el derecho no es simplemente técnica; es una responsabilidad social: “Crecí viendo el ejercicio del derecho muy de cerca. Mis maestros universitarios reforzaron esa visión: el rigor, la ética, el respeto por las formas y las reglas bien hechas”, recuerda.
La IA en la defensa legal
Uno de los valores agregados del despacho Jorge Rada Studio Legale gira inevitablemente hacia la inteligencia artificial (IA), cuya presencia se extiende innegablemente a las decisiones empresariales y públicas, y los juristas han reconocido su potencial: “Puede ayudar mucho a profesionalizar decisiones que hoy se toman de forma improvisada o discrecional. Bien utilizada, permite anticipar riesgos, analizar información y hacer más eficientes los procesos”.
Un estudio de la firma Harvey AI reveló que 40% de los abogados ya utiliza IA varias veces al día y 86% utiliza el smartphone o la tableta como herramienta principal fuera del escritorio. Al mismo tiempo, el mercado global de tecnología legal superó los 30 380 millones de USD en 2025 y se estima que alcance 33 180 millones en 2026.
Ese entusiasmo, no obstante, se mezcla con la prudencia. Rada subraya que la IA debe apoyar la toma de decisiones, nunca sustituir la responsabilidad: “Sin reglas claras, supervisión y ética, la tecnología puede generar errores más rápidos y difíciles de corregir”.
Esta preocupación dialoga con los debates que se libran en todo el mundo. Según Freshfields, más del 84% de las empresas del S&P 500 ya reportan supervisión de IA a nivel del consejo de administración; en Reino Unido, las referencias a la IA en informes anuales crecieron 12%; mientras que en México se discute una ley para clasificar los riesgos de la IA y exigir certificaciones algorítmicas.
¿Qué está fallando en Zacatecas?
Hablar con Jorge Rada no es solo tocar temas legales y tecnológicos; el futuro institucional de Zacatecas es otra de sus constantes preocupaciones, principalmente por la posibilidad de normalizar modelos fallidos: decisiones sin diagnóstico, instituciones débiles y políticas que se reproducen a sí mismas.
Ese temor está presente en los análisis académicos que prevén que la fiscalización en México se volverá cada vez más automatizada, con un uso intensivo de datos para detectar patrones de evasión y corrupción.
Sin embargo, no todo es pesimismo. Desde su perspectiva, resulta valioso que comiencen a discutirse cambios de fondo con un enfoque profesional y académico, más allá de las coyunturas partidistas. Su apuesta es una alianza entre conocimiento, tecnología y colaboración entre sectores.
Sus ideas resuenan con la tendencia de muchos países a profesionalizar los servicios públicos mediante normas de compliance (ISO 37301) y anticorrupción (ISO 37001), que dejaron de ser opcionales y empiezan a ser adoptadas incluso en sectores como energía y banca. La combinación de ética, diseño institucional y herramientas tecnológicas podría crear una nueva narrativa para Zacatecas y otras regiones del país.
Más allá de la política y el derecho, revela su afición por la literatura y la filosofía. Habla de “Gog” de Giovanni Papini, de la saga de Julio César de Santiago Posteguillo y de “El muro” de Jean‑Paul Sartre: “Todos me dejaron una enseñanza común: la libertad siempre implica responsabilidad y las decisiones tienen consecuencias”.
En un momento en que gran parte de la conversación pública se reduce a frases de redes sociales, él reivindica la lectura lenta y la reflexión como espacios de formación ética. No es casual que, según la misma encuesta de confianza de la OCDE, la percepción de imparcialidad e integridad de las instituciones esté estrechamente ligada al nivel educativo de los ciudadanos. Un pueblo que lee y piensa es más difícil de manipular.
El duelo y el valor del tiempo
Rada recuerda la muerte de su padre, un punto de inflexión personal que le hizo entender el valor del tiempo. “Me enfrentó a un dolor profundo, pero también me hizo entender el valor del tiempo”, confiesa. Desde entonces procura vivir con mayor conciencia, aprovechar cada etapa y actuar con responsabilidad.
Esa experiencia vital se refleja en su insistencia en no sacrificar el largo plazo por beneficios inmediatos. Prefiere asumir costos ahora antes que justificar errores después. En un mundo de inmediatez y la exposición constante, procura no negociar la coherencia ni la honestidad intelectual: “Trato de pensar, decir y hacer lo mismo, aunque a veces eso resulte incómodo”, sostiene.
A pesar del tono crítico y la gravedad de los temas, habla con entusiasmo de su futuro. “Me entusiasma seguir aprendiendo y aportando desde el derecho, la reflexión crítica y el uso responsable de la tecnología. Nunca he creído en atajos ni en soluciones fáciles”.
Su optimismo se sustenta en la convicción de que los sistemas bien diseñados y las reglas claras son el mejor antídoto contra la arbitrariedad. Para él, el derecho no sólo es un oficio, es una vocación moral: “Creo en asumir la responsabilidad por lo que hacemos”. Ese compromiso explica por qué, cuando le ofrecen cargos políticos, prefiere mantenerse en el ámbito profesional y académico; no quiere que lo etiqueten como político, pero tampoco rehúye opinar sobre el rumbo de su estado.
La figura de Jorge Rada se mueve entre dos mundos: la tradición legal que heredó de su padre y la era digital que permea su práctica cotidiana. Esa dualidad resume su apuesta: defender la formalidad, el rigor y la ética mientras abraza la tecnología como herramienta de modernización.
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